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Cultura
guttero y los años 20
Entre la tradición y la vanguardia
MALBA exhibe “Alfredo Guttero. Un artista moderno en acción”, una muestra con cuarenta obras que el artista realizó a lo largo de dos décadas –entre 1904 y 1927– en Europa y en la Argentina. Con documentos y piezas de colegas que también apostaron a sacudir la modorra del arte local de la época, la exposición busca presentar a Guttero en una doble dimensión: la de artista y la de protagonista central en la conformación del campo cultural a comienzos del siglo pasado.
Por judith savloff
17.09.2006
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Retrato del músico Lucien Cavarry, un gran óleo que Guttero realizó en 1911, cuando vivía en Europa. Una de las obras más notables de esta exposición.
   

Yo no sé a qué he venido… Le decía que vengo por poco tiempo y eso porque tengo en Génova mi estudio fijo que no puedo abandonar (...) Estoy sorprendido y aún sin rumbo en Buenos Aires. No encuentro nada que sea parecido a lo que conocí (...) pero, eso sí, estoy lleno de admiración ante el progreso increíble, y espero mucho”. Fines de 1927. Alfredo Guttero (1882-1932) acaba de regresar a Buenos Aires, luego de vivir en Europa durante 23 años.
Y aturdido, como dice estar, se ha sentado a escribir estas ideas en una serie de cartas a su amigo, el escultor Luis Falcini.

Es lógico su desconcierto. Desde que partió en 1904, con una Beca Especial Paisajes, la ciudad ha cambiado tanto. Tras la crisis de 1890, con la Primera Guerra (1914-18) de por medio, el país se ha convertido en el “granero del mundo” y Buenos Aires, en su puerto privilegiado. Ferrocarriles, frigoríficos, olas de inmigrantes (en 1914, el 30 por ciento de la población del país era extranjera), una urbanización que crece a pasos de gigante y la reforma electoral que permitió al radicalismo llegar a la presidencia.
Dentro de un año, Guttero hablará del nuevo mundo urbano en el óleo Puerto y en el yeso Elevadores de grano. Y ya habrá decidido establecerse aquí hasta su muerte, cinco años más tarde. Vendrá un período corto pero impactante. Junto con su obra, el artista desplegará in situ una serie de acciones colectivas destinadas a sacudir el arte de entonces y la estructura que lo sustentaba.

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Guttero fue bien recibido por los jóvenes artistas locales. Lo conocían. Desde Europa, había participado en los salones oficiales, pero al mismo tiempo había apoyado las batallas por la renovación de las instituciones culturales.
En poco tiempo, se vinculará de lleno con otros emblemas –diversos– de la modernización del arte: Raquel Forner, Víctor Cunsolo, Alfredo Bigatti, Miguel Victorica, Xul Solar y Norah Borges, entre otros. La segunda parte de Alfredo Guttero. Un artista moderno en acción, la muestra con cuarenta obras que realizó entre 1904 y 1932 y que se exhibe hasta fines de octubre en MALBA (Figueroa Alcorta 3415), incluye piezas de veinte colegas –entre ellos, los mencionados– y documentos sobre sus aportes como agente cultural.

Una vez instalado en Buenos Aires, Guttero se convertirá en referente ineludible. Realizará exposiciones en salas oficiales porteñas y de Rosario, Santa Fe y Paraná, y recibirá premios locales (como el del Salón Nacional de 1929) e internacionales (como el que logró dos años después en la First Baltimore Pan-American Exhibition, Estados Unidos, con Anunciación). Planificará un programa de cultura para los barrios porteños, para combatir la centralización del arte en la calle Florida. Impulsará la circulación de muestras con Uruguay y Brasil. Se convertirá en uno de los artistas más requeridos por el coleccionismo emergente (ver recuadro). Asesorará a Amigos del Arte, dirigirá una sala independiente en la Asociación Wagneriana, abrirá un Nuevo Salón de Pintores Modernos (1929-31), creará un curso de enseñanza libre e impulsará publicaciones, como una monografía sobre Pedro Figari que escribió el propio Jorge Luis Borges.

En simultáneo, seguirá creando. Se dice que en vida mantuvo el secreto de su técnica de yeso cocido. Que cuando compartía el taller con otros pintores trabajaba de noche, a contramano de ellos, y cerraba la puerta de su espacio con llave. Como si supiera que ese maravilloso homenaje a los frescos italianos podría servir para erigir un mito en la incipiente cultura de masas. No lo logró. Su figura, entre clásica y moderna, quedó relegada aquí hasta mediados de los 80. Guttero también realizó diseños decorativos y óleos, acuarelas, témperas, carbonillas y tintas. Entre sus temas, figuran retratos, autorretratos, desnudos, composiciones alegóricas y escenas religiosas. En su obra –como en su vida–, hay un vaivén permanente entre tradición y modernidad. Sus piezas muestran influencias que van desde la Antigüedad hasta el art decó, incluyendo a los simbolistas y la geometrización de Paul Cézanne.

Xul Solar, Emilio Pettoruti y Antonio Berni –artista militante de la revolución que lo tildaba de burgués– representan rupturas artísticas claras. Pero como dice Marcelo Pacheco, curador de esta muestra y curador jefe de MALBA, Guttero es una figura inevitable para entender lo que vino después: “Xul es clave para referirse a la construcción de la vanguardia. Pero para comprender cómo se instala una visualidad moderna en Argentina, hay que recurrir a figuras intermedias”. Ahí es donde la obra de Guttero, con esa sensualidad exuberante y el uso insistente de los primeros planos cinematográficos, se destaca.

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